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14 de septiembre de 2018

Día Mundial del Linfoma (15 de septiembre)

Los linfomas son una variedad de cáncer que afecta a un tipo de glóbulos blancos, llamados linfocitos, que son las células sanguíneas encargadas de la defensa de nuestro cuerpo. Esta proliferación maligna de linfocitos se produce generalmente dentro de los nódulos o ganglios linfáticos, pero a veces afecta también a otros tejidos como el hígado y el bazo. Durante el desarrollo de la enfermedad se produce una merma en el funcionamiento del sistema inmunitario (las células encargadas de la defensa del organismo) que puede ser más severa cuanto más se haya diseminado la enfermedad. Además, si la médula ósea se ha visto afectada puede producirse anemia u otros cambios en las células de la sangre.

 
El linfoma de Hodgkin se caracteriza por la presencia de una célula llamada Reed Sternberg que causa como síntoma principal la inflamación del ganglio linfático. El otro, de tipo no Hodgkin, incluye un grupo grande y diverso de cáncer de las células del sistema inmunitario, lo cual lo hace más agresivo y difícil de tratar.
 
Además, un sistema más nuevo denominado sistema REAL, divide los tipos de linfoma de acuerdo con su comportamiento clínico en tres categorías: indolente, agresivo y altamente agresivo:
 
Los linfomas indolentes tienden a crecer de forma lenta. Aun sin ningún tratamiento, los pacientes con este tipo de linfoma con frecuencia viven muchos años sin presentar problemas a causa de la enfermedad. Para algunos de estos pacientes, no se recomienda ningún tratamiento hasta que se desarrollen síntomas.
 
Los linfomas agresivos y altamente agresivos crecen más rápidamente. Sin tratamiento, la esperanza de vida de estos pacientes es de semanas o meses. Afortunadamente, la mayoría de los linfomas agresivos y altamente agresivos responden bien a la quimioterapia y muchos de ellos se curan.
 
Sintomatología
 
En general, el síntoma más común de presentación de un linfoma es la presencia de un bulto, que no suele ser doloroso, en cuello, axila o ingles; algunos pacientes pueden presentar fiebre, sudoración nocturna, pérdida de peso y cansancio, picor en la piel y manchas cutáneas de coloración rojiza. Se denomina síntomas B, a la presencia de pérdida de peso inexplicada mayor del 10% del peso corporal en los últimos seis meses, fiebre inexplicada superior a 38 y sudoración nocturna profusa.
 
Diagnóstico
 
Para diagnosticar un linfoma es necesario realiza una exploración de las adenopatías y a la realización de una biopsia ganglionar. Esta prueba se efectúa por medio de la punción del ganglio aparentemente afectado para extraer y analizar una muestra de tejido. 
 
En función de los resultados de la biopsia y de la historia clínica del paciente, el especialista podría indicar también otras pruebas diagnósticas como un análisis de sangre que incluya hemograma y perfil bioquímico, serologías (hepatitis y sida), radiografía de tórax y/o TAC de cuello, tórax, abdomen y pelvis. Además, es posible que también se recomiende una tomografía por emisión de positrones (PET) o una biopsia de médula ósea.
 
Los resultados obtenidos de estas pruebas permitirán al hematólogo determinar qué tipo de linfoma presenta el paciente y cuál es el tratamiento más indicado en cada caso. Determinar la etapa en la que se encuentra la enfermedad es clave para ello. El sistema Ann-Arbor diferencia cuatro estadios diferentes de la enfermedad:
 
Estadio I: El linfoma afecta a un único territorio ganglionar o a una sola localización extralinfoide.
Estadio II: Se encuentran afectadas dos o más territorios ganglionares o estructuras linfoides en el mismo lado del diafragma.
Estadio III: El paciente presenta afección de territorios ganglionares o estructuras linfoides a ambos lados del diafragma.
Estadio IV: Es el más grave. El paciente muestra una afección diseminada de una o más localizaciones extralinfáticas (hígado, piel, médula ósea, etcétera), con o sin afección ganglionar.
 
Incidencia de la enfermedad en España y en el mundo
 
La incidencia de estas enfermedades ha aumentado en los últimos años. Son más frecuentes en los países asiáticos como Japón y China que en los países occidentales.
 
En España, cada año se diagnostican 1.150 casos de linfoma de hodgkin y 6.130 de no hodkin, lo que supone un 0,5% de incidencia y un 2,8% respectivamente. Son en total más de 7.500 casos al año y las previsiones auguran que la cifra aumentará un 30% en 2030.  Sin embargo, ha habido una mejora de la supervivencia y las buenas perspectivas incluso en los tipos de linfoma más agresivos.
 
A nivel mundial, el linfoma afecta a entre tres y seis personas por cada 100.000 habitantes cada año. 
 
 
Prevención
 
De acuerdo con los datos de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), la prevalencia de malnutrición en pacientes oncológicos oscila entre el 15 y el 40 por ciento en el momento del diagnóstico de cáncer y aumenta hasta un 80 por ciento en los casos de enfermedad avanzada, si bien hay variaciones en función del estadio de la patología y del tipo de tumor. Por tanto, mantener una dieta equilibrada es aconsejable para cualquier persona, y lo es todavía más en el caso del paciente oncológico. Según las recomendaciones del SEOM, entre el 55 y el 65 por ciento de los alimentos deben ser carbohidratos, el 15 por ciento proteínas y las grasas deben limitarse a un 30 por ciento. 
 
La práctica regular de ejercicio una media de tres a cinco veces por semana es otro factor a tener en cuenta. Realizar una actividad física regular reporta beneficios para la salud general y también para las defensas inmunológicas frente al cáncer, tal y como recoge la SEOM. A pesar de los beneficios que puede ocasionar a gran parte de los pacientes, en ocasiones podría estar contraindicado, por lo que siempre es conveniente consultar con el especialista la posibilidad o no de realizar ejercicio y también el tipo de deporte más adecuado a cada caso.